El COIAL reivindica la continuidad del trabajo técnico tras la DANA en el Espacio Catarsis
El Centro Cultural de Picanya, localidad afectada de lleno por la DANA de octubre del 24, acogía la pasada semana la presentación del Espacio Catarsis. Este proyecto surge a iniciativa del Colegio Oficial de Arquitectos de la Comunidad Valenciana (COACV) con el objetivo de comprender, desde una perspectiva técnica e interdisciplinar, las consecuencias territoriales, urbanas y sociales derivadas de la Dana. El acto sirvió tanto para dar a conocer la publicación y la web que recopilan el trabajo desarrollado durante el último año a raíz de la DANA, como para abrir un debate técnico sobre su impacto y el papel de la arquitectura —y de las profesiones colegiadas, entre ellas la ingeniería agronómica— en la reconstrucción y la transformación de los territorios.
En la mesa redonda participaron el arquitecto Francisco Juan Vidal, coordinador del proyecto; Pepe Carbonell, secretario técnico del COIAL; Sergio Riolobos, decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación; Cristina Moreno, arquitecta municipal de Aldaia; Carmen Moreno, consejera técnica de la Subdirección General de Arquitectura y Edificación del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana; y Julia Cano, vocal de la Junta de Gobierno del COACV.
Entre los asistentes destacados figuraron la comisionada especial del Gobierno de España para la Reconstrucción, Zulima Pérez; el director general de Planificación y Políticas de Vivienda, Juan Antonio Pérez; la directora general de Recuperación y Reconstrucción, Sandra Castillo; la presidenta de la CEV, Eva Blasco; el decano del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales, Daniel Javaloyas; el secretario del Colegio Oficial de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, Manuel Reyes y el director de la ETS de Arquitectura de la UPV, Ernesto Fenollosa, además de representantes de municipios afectados.
“Los contenidos generados tienen un valor técnico alto y deben comunicarse sin complejos”
En su intervención, Pepe Carbonell situaba el valor principal del proyecto en el propio proceso de trabajo conjunto. Definió el resultado como un documento “espectacular” por lo que implica de generosidad, humildad y apertura a miradas distintas, y subrayó que muchos de los textos nacieron “con la pulsión del desastre”, en un contexto emocional y operativo que explica tanto el tono como la ambición de algunas propuestas. Para Carbonell, “los contenidos generados tienen un valor técnico alto y, precisamente por eso, deben comunicarse sin complejos: si hay conocimiento útil, hay que trasladarlo a la sociedad de forma clara y constante”.
Su principal reivindicación fue la continuidad. Carbonell advirtió de que si el trabajo “se limita al momento que empuja a actuar tras una catástrofe, el aprendizaje se enfría y se reescribe con distancia, o peor, se olvida. Por eso animó a que este tipo de grupos y dinámicas no se detengan con la publicación, sino que funcionen como una voz insistente, pedagógica y de recordatorio permanente: repetir qué hay que hacer, cómo hay que hacerlo y por qué ninguna disciplina, por sí sola, puede abarcar un problema territorial de esta magnitud.
En ese marco, lanzó también un mensaje de corresponsabilidad: al ciudadano, para que valore y exija calidad técnica en los servicios —especialmente en lo público—, y a la academia, para que convierta la experiencia acumulada en formación y transmisión de conocimiento.
Finalmente, desde el Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Levante se quiso reconocer expresamente la iniciativa del Colegio Oficial de Arquitectos de la Comunidad Valenciana por impulsar un proyecto abierto y participativo. Desde el COIAL se destacó la generosidad y amplitud de miras demostradas al convocar a distintas disciplinas técnicas para abordar un problema territorial de gran complejidad, que solo puede entenderse plenamente desde la suma de visiones y el trabajo conjunto.

