06/02/2026

“Es importante que los jóvenes emprendedores del sector agrario perdamos el miedo y nos demos a conocer”

SAT Son Jover es una explotación agroganadera de referencia en Baleares que ha evolucionado desde un modelo tradicional hacia una estructura empresarial profesionalizada, con una apuesta clara por la calidad, la venta directa y la toma de decisiones basada en datos. Al frente del proyecto se encuentra Margalida Seguí, ingeniera agrónoma con una trayectoria vinculada a la industria agroalimentaria, la gestión empresarial y la dirección de proyectos. Además de su responsabilidad al frente de Son Jover, Seguí ha asumido funciones de representación institucional como consejera en Cooperativas Agro-Alimentarias y representante de agricultores jóvenes en foros estatales y europeos, lo que le ha permitido conocer de primera mano los retos estructurales del sector. En esta entrevista reflexiona sobre liderazgo, profesionalización y el futuro del campo balear.

Tu trayectoria arranca muy ligada a la industria alimentaria y a la calidad, pero pronto das el salto a la gestión y al liderazgo. ¿En qué momento sientes que pasas de lo técnico a una visión más global del sector?

En Procam, la primera industria cárnica en la que trabajé, yo ya llevaba una formación de base en calidad y por eso me dieron la oportunidad. Pero trabajé como técnica solo tres o seis meses. Rápidamente, al ver mis capacidades y mi forma de trabajar, la dirección confió mucho en mí y empecé a asumir tareas de liderazgo. Seguía haciendo parte del trabajo técnico, pero ya con un rol más amplio.. En Procam comprendí que se me daba mejor ese enfoque que ser técnica de calidad o de laboratorio. El laboratorio me resultaba poco estimulante y, aunque la calidad es fundamental en la industria, tampoco era mi pasión. Al ver que ese perfil de gestión me encajaba más, mi siguiente paso fue ir a COMSA, con un puesto técnico de producción en una obra importante. 

Has trabajado en industria cárnica, láctea, bodegas, proyectos de ingeniería y grandes infraestructuras. ¿Qué te ha aportado moverte por ámbitos tan distintos dentro del mundo agroalimentario y técnico?

Me ha aportado, en primer lugar, aprender bien cada sector. Aunque comparten muchos elementos, cada uno tiene particularidades: el cárnico, el lácteo, el vino y las bebidas alcohólicas. A mí me gusta aprender y ampliar conocimientos, y eso me ha dado una visión global y un aprendizaje más rápido por haber pasado por perfiles distintos. Además, lo que he visto en un sector lo he podido trasladar a otro. Por ejemplo, modelos aprendidos en la industria cárnica los he aplicado en la láctea, y alguien que solo ha trabajado en un ámbito no tiene esa perspectiva. Cada sector tiene sus especificidades, pero conocer otros te ayuda a encontrar mejores soluciones. Para mí, la experiencia en distintos entornos tiene un balance claramente positivo.

Antes de 2019 no había datos; desde 2019 está todo digitalizado y puedes ver qué hemos producido cada año, comparar modelos y tomar decisiones con base en información 

SAT Son Jover ha vivido en los últimos años un proceso de diversificación, digitalización y crecimiento sostenido. ¿Cuáles dirías que han sido las claves técnicas y estratégicas de esa transformación?

Lo primero es que pasó de ser prácticamente una actividad muy pequeña, con tres trabajadores, a convertirse en una empresa con estructura, con siete trabajadores, con puntos de venta directa y con una elaboración organizada y protocolizada. También se definió el modelo de cliente. Cuando yo llegué, las facturas se hacían a mano. Ahora está todo informatizado y, sobre todo, se cuenta con información. Antes de 2019 no había datos; desde 2019 está todo digitalizado y puedes ver qué hemos producido cada año, comparar modelos y tomar decisiones con base en información. Si no hay datos no se puede gestionar bien. Es un antes y un después: pasar de una forma de trabajo más artesanal a una empresa que toma decisiones con números. 

Desde la dirección, ¿cómo se gestiona el equilibrio entre tradición e identidad del producto y la necesidad de innovar para ser competitivos en el mercado actual?

Lo primero es tener muy clara la identidad de la empresa: qué es y qué quiere ser. A los seis u ocho meses de estar allí, mi hermano y yo tomamos la decisión de que seguiría siendo una empresa pequeña. Como los números salían, había que encontrar la manera de que siguieran saliendo. Nos pusimos como referencia un modelo de alta calidad con un precio acorde: calidad y precio. Hicimos los números y confirmamos que era viable: podíamos alcanzar el volumen suficiente para rentabilizar y organizar la empresa. Desde esa base se toman todas las decisiones. Es importante saber qué se quiere ser y cómo se quiere ser, y actuar con coherencia. Si queríamos una empresa con recorrido a largo plazo, había que adaptarse: la digitalización y la toma de decisiones basada en números eran imprescindibles. Se trata de fijar una esencia y, desde ahí, decidir con coherencia.

Es fundamental tener clara la identidad de la empresa: saber qué eres y qué quieres ser

Además de la gestión empresarial, has asumido responsabilidades institucionales como consejera de Cooperativas Agro-Alimentarias en Baleares. ¿Qué visión te ha dado esa experiencia sobre los retos reales del sector?

No es que me haya dado una visión completamente distinta a la que ya tenía, pero sí una visión más amplia, a escala nacional y europea. Cooperativas Agro-Alimentarias de España está muy activa en Bruselas. Estar dentro de un órgano de decisión, participar a nivel estatal y ser representante de jóvenes de Baleares en la COGECA te da una perspectiva directa y una información que ayuda a crecer profesionalmente. Además, es un trabajo de reivindicación: estás en órganos públicos, vas periódicamente y defiendes las necesidades del sector agroalimentario. Se habla mucho de que se tiene en cuenta al sector, pero en la práctica somos un colectivo muy condicionado. Dependemos de un sistema que viene de Bruselas, y se toman decisiones que vienen de hace décadas. Como estamos dentro de ese sistema, hay que luchar desde dentro. Aun así, estoy satisfecha: fue una experiencia muy nutritiva. La presidenta me animó a presentarme porque quería más presencia de mujeres y ha sido un aprendizaje valioso. No renové el cargo porque estoy en un momento profesional de cambio y no me parecía coherente, pero creo que es algo positivo para la sociedad.

Como ya has comentado, formas parte del grupo de trabajo de Jóvenes Cooperativistas a nivel estatal. ¿Qué demandas y preocupaciones se repiten más entre los jóvenes que quieren seguir vinculados al campo?

A menudo se nos pone la etiqueta de “hay que atraer a más jóvenes”. Es cierto que debemos contribuir a que el sector tenga futuro, pero a nosotros ya nos cuesta mantenernos. Si no se corrigen las bases para que el sector agrario y ganadero sea un modelo de negocio viable y rentable, es difícil atraer a más gente. Muchos jóvenes somos ejemplos de empresas bien gestionadas y podemos aportar conocimiento, pero las reivindicaciones de los jóvenes no son muy distintas de las del sector en general: queremos lo que nos corresponde y apoyo. También influye que cada comunidad tiene realidades distintas y hay que trasladar esa diversidad. Y, al mismo tiempo, necesitamos unidad a nivel estatal. Tener un grupo de trabajo de jóvenes: nos escuchan, hemos tenido reuniones en el Ministerio de Agricultura y se abren vías de trabajo. Eso es positivo para el sector y no se debe perder.

Moverme por distintos sectores me ha permitido trasladar modelos de un ámbito a otro y encontrar mejores soluciones

Tu perfil combina técnica, gestión, industria y representación institucional. ¿Crees que el sector agroalimentario necesita cada vez más perfiles híbridos como el tuyo?

Sí, y como ocurre en otros sectores. Es positivo que existan perfiles como el de mi hermano —que también trabaja en la explotación— o el mío que sirvan de ejemplo. Si das ejemplo, existe la posibilidad de que otros lo adopten. Los referentes no tienen que ser solo grandes empresas tecnológicas o modelos de negocio alejados del territorio. También deben ser visibles las explotaciones y los jóvenes emprendedores del sector agrario. Es importante que seamos visibles, perder el miedo y darnos a conocer. 

Desde tu experiencia, ¿qué papel juegan hoy la formación continua, la profesionalización y la toma de decisiones basada en datos en la viabilidad de las explotaciones?

Es la clave. Si yo no fuera ingeniera agrónoma, no tendría esta mentalidad de números, datos y análisis. Un primo mío, ingeniero de telecomunicaciones, me lo decía desde pequeña: un ingeniero aprende a resolver problemas. Después puedes aplicar ese enfoque en distintos ámbitos. Yo no haría lo que él hace porque no me interesa, pero en lo que me gusta, esa base es fundamental. 

Mirando al futuro, ¿qué cambios te gustaría impulsar —desde la empresa o desde las cooperativas— para fortalecer el sector agroalimentario en los próximos años?

Es una pregunta difícil. Creo que el volumen es importante. En las islas, al ser islas, los costes de producción suben y hacer cosas en volumen es más complicado. Aun así, el volumen importa y la unidad importa, y eso debe ir unido a la profesionalización y a la digitalización. Si no, no tendremos futuro. Sería muy triste perder nuestros campos cuidados y nuestros animales y tener que renunciar a esa riqueza.

Si el sector agrario no es un modelo de negocio viable y rentable, es muy difícil atraer a jóvenes

¿Hacia dónde crees que caminan la agricultura y el medio rural en las Islas Baleares en los próximos años?

La agricultura es difícil en todos los territorios, y cada uno tiene sus particularidades. En Baleares competimos con un territorio especulado y con el turismo, y existe una contradicción evidente. Aun así, el sector se está profesionalizando: cada vez hay menos empresas, pero más grandes. Esas empresas deben tener visión de futuro y trabajar con un enfoque claro. Habrá tendencias que no se pueden frenar, como ciertos cambios vinculados al territorio y al turismo, pero hay que aprovechar oportunidades. Si el turista quiere ver las cosas bien, es una oportunidad para el agricultor, porque implica hacer las cosas correctamente. Con la nueva ley agraria existirá la posibilidad de estancias turísticas en propiedades agrícolas con agricultores prioritarios. Esa actividad turística no debe sustituir la actividad agraria, pero sí puede ser complementaria y ayudar a asegurar la supervivencia. La idea es aprovechar oportunidades sin perder el foco de lo que eres y de cómo quieres trabajar.