Regina Monsalve, presidenta de Intereco “La formación técnica ya no es un complemento: es un factor crítico de competitividad”
En un momento marcado por una mayor exigencia normativa, la presión del cambio climático y la reducción de herramientas disponibles, la agricultura ecológica se enfrenta al reto de mantener su coherencia técnica sin renunciar a la rentabilidad. Regina Monsalve, presidenta de INTERECO (*), reflexiona en esta entrevista sobre la necesidad de reforzar la formación técnica como pilar del modelo productivo, el papel estructural que ha adquirido el biocontrol y la importancia de cerrar la brecha entre innovación y conocimiento aplicado. Una conversación que pone el foco en la profesionalización del sector, la gestión agronómica basada en datos y la construcción de sistemas productivos resilientes y económicamente viables.
En un contexto de mayor exigencia normativa y reducción de materias activas, ¿qué papel juega la formación técnica especializada?
La formación técnica ya no es un complemento: es un factor crítico de competitividad y de viabilidad del modelo productivo. En agricultura ecológica no utilizamos las materias activas que hoy están en debate, pero sí exigimos que se cumplan los umbrales y que no se flexibilicen los estándares para facilitar la entrada de productos de mercados externos con una concepción más laxa de lo “orgánico” o “bio”. Nos regimos por una normativa europea muy estricta que valida todo el proceso, desde la semilla y los insumos hasta el abonado y la comercialización. Además, la normativa es dinámica y se actualiza periódicamente. El agricultor ecológico del futuro debe ser un gestor técnico cualificado, capaz de interpretar datos, adaptar estrategias, cumplir normativa y mantener productividad. Sin una formación sólida, el riesgo es la pérdida de eficacia y el aumento de costes.
El agricultor ecológico del futuro debe ser un gestor técnico cualificado, capaz de interpretar datos, adaptar estrategias y cumplir normativa sin perder productividad
¿Qué tipo de necesidades formativas os trasladan vuestros asociados en relación con el biocontrol?
Nos trasladan tres grandes necesidades: formación práctica aplicada, basada en casos reales de campo —cuándo intervenir, cómo interpretar umbrales y combinar estrategias preventivas y curativas—; actualización técnica continua, ya que la innovación en biocontrol es muy rápida y exige un reciclaje permanente; y una correcta interpretación normativa y de compatibilidades, incluyendo insumos autorizados, trazabilidad, certificación y control. Además, crece la demanda de formación en digitalización, monitorización de cultivos, uso de datos climáticos y herramientas de apoyo a la decisión para anticipar problemas y optimizar las intervenciones.
Desde INTERECO, ¿qué retos comunes detectáis hoy en el control sanitario de los cultivos dentro de la producción ecológica?
Uno de los principales retos es la mayor presión de plagas y enfermedades derivada del cambio climático, con ciclos biológicos más largos, aparición de nuevas especies e incertidumbre en los calendarios agrícolas. Nuestro reglamento, con más de treinta años de historia, nos ha enseñado a producir sin productos de síntesis química y a gestionar el sistema agrario de forma global. En muchos casos hemos sido pioneros en digitalización y monitorización, lo que obliga a afinar las estrategias preventivas y el manejo agronómico. A ello se suma la necesidad de homogeneizar criterios técnicos y de interpretación normativa para garantizar seguridad jurídica sin perder rigor, y de reforzar el acompañamiento técnico al agricultor.
El biocontrol no funciona como una materia activa convencional: requiere comprender el ciclo de la plaga, las condiciones ambientales y el manejo integral del cultivo
¿Cómo ha evolucionado el papel del biocontrol en la agricultura ecológica en los últimos años?
El biocontrol ha pasado de ser una herramienta complementaria a convertirse en un pilar estructural de la sanidad vegetal. En agricultura ecológica es una herramienta obligada y un campo de ensayo clave para demostrar que es posible producir sin productos químicos, construyendo verdaderos ecosistemas agrarios. En los últimos años se ha producido una clara profesionalización del sector, con una mayor oferta de soluciones comerciales y una mejora notable en la calidad técnica de los productos y de los protocolos de aplicación. El cambio más relevante ha sido el cambio de mentalidad: ya no se trata solo de combatir plagas, sino de gestionar ecosistemas agrícolas vivos, donde la biodiversidad funcional, la salud del suelo y el equilibrio biológico son la base de la resiliencia productiva. Desde INTERECO impulsamos una visión integrada basada en prevención, manejo agronómico, biodiversidad, monitorización y biocontrol aplicado con criterio técnico, coherente con un modelo ambientalmente sostenible y económicamente viable.
¿Crees que existe una brecha entre la disponibilidad de herramientas de biocontrol y el conocimiento necesario para aplicarlas correctamente?
Sí, claramente existe una brecha. El mercado ofrece cada vez más soluciones biológicas, pero no siempre el agricultor dispone del conocimiento técnico necesario para seleccionar correctamente el producto, aplicarlo en el momento adecuado y evaluar los resultados. El biocontrol no funciona como una materia activa convencional. Requiere comprender el ciclo de la plaga, las condiciones ambientales, la interacción entre organismos y el manejo integral del cultivo. Si no existe formación y acompañamiento técnico, se puede generar frustración y desconfianza. Cerrar esta brecha es una prioridad estratégica para INTERECO, porque de ello depende que la transición ecológica sea real, eficaz y económicamente viable. No se puede hacer economía verde en números rojos: la sostenibilidad debe ir siempre acompañada de rentabilidad.
La innovación en biocontrol avanza muy rápido y exige una actualización técnica continua para no quedarse obsoleto
En un contexto de mayor exigencia normativa y reducción de materias activas, ¿qué papel juega la formación técnica especializada?
La formación técnica ya no es un complemento: es un factor crítico de competitividad y de viabilidad del modelo productivo. En agricultura ecológica no utilizamos las materias activas que hoy están en debate, pero exigimos que se cumplan los umbrales y que no se flexibilicen los estándares para facilitar la entrada de productos con una concepción más laxa de lo “orgánico” o “bio”. Nos regimos por una normativa europea muy estricta que valida todo el proceso, desde la semilla y los insumos hasta la transformación y la comercialización. Además, la normativa es dinámica y se actualiza periódicamente. El agricultor ecológico del futuro debe ser un gestor técnico cualificado, capaz de interpretar datos, adaptar estrategias, cumplir normativa y mantener productividad. Sin una formación sólida, el riesgo es la pérdida de eficacia y el aumento de costes.
¿Qué mensaje trasladarías a los profesionales de la agricultura ecológica que quieren prepararse mejor para los retos futuros del sector?
El mensaje es claro: la agricultura ecológica tiene futuro, pero exige preparación, profesionalización y visión estratégica. Invertir en formación, en conocimiento técnico, en cooperación y en innovación no es un gasto, es una garantía de continuidad. Debemos reforzar nuestra capacidad de anticipación, apostar por sistemas productivos resilientes y no perder nunca de vista la rentabilidad económica como base de la sostenibilidad. Desde INTERECO seguiremos trabajando para que los más de 40.000 operadores que representamos dispongan de un marco estable, riguroso y coherente que les permita crecer, generar valor en el territorio y consolidar un modelo agrícola estratégico para España y para Europa.