16/01/2026

Ana García Rosado: “La innovación cobra verdadero sentido cuando el conocimiento se conecta con la realidad del mercado”

La trayectoria de Ana García Rosado es un ejemplo claro de cómo la innovación cobra sentido cuando se conecta con la realidad de las empresas. Ingeniera agrónoma de formación, su carrera ha transitado por la investigación científica, la industria agroalimentaria y, durante casi una década, el acompañamiento a empresas en la financiación de la I+D+i. Ese recorrido le ha permitido desarrollar una visión global en la que ciencia, mercado y financiación no son compartimentos estancos, sino piezas que deben avanzar alineadas. Tras trabajar en entornos internacionales y vivir la innovación desde dentro de planta, en 2022 decide fundar Growinn, un proyecto desde el que apuesta por transformar la complejidad de la financiación de la innovación en claridad estratégica para las empresas. Con un enfoque práctico, orientado a impacto y resultados, García Rosado defiende que innovar bien no es gastar más, sino invertir mejor, y que sectores como el agro tienen todavía un enorme margen para aprovechar herramientas de financiación que refuercen su competitividad. 

Tu trayectoria conecta investigación, industria agroalimentaria y financiación de la innovación. Mirando atrás, ¿en qué momento sientes que se produce ese “clic” que da sentido a todo el recorrido?

Cada etapa me aportó una mirada distinta y, en conjunto, el aprendizaje adquirido en todas ellas me dio la visión para entender cómo ciencia, empresa y financiación pueden trabajar alineadas. Mi primera experiencia profesional estuvo vinculada a la investigación, movida por la curiosidad por el conocimiento científico, pero pronto sentí que esa mirada se me quedaba incompleta. Fue entonces cuando di el salto a la empresa, lo que me abrió una perspectiva mucho más amplia. Pasar de ratón de laboratorio a un entorno mucho más dinámico y cambiante me hizo entender que la innovación cobra verdadero sentido cuando el conocimiento se conecta con la realidad, con las personas y con los recursos necesarios para que las cosas pasen. Esa comprensión es, precisamente, la base del modelo de negocio que hoy desarrollo desde Growinn.

Empezaste en entornos muy ligados a la ciencia aplicada y la investigación internacional. ¿Qué te aportó esa etapa para entender hoy cómo debe trasladarse el conocimiento científico a la empresa?

Me permitió conocer modelos muy distintos de cómo se aplica el conocimiento. En los entornos internacionales la investigación está mucho más conectada con el mercado y con necesidades reales; no se investiga por investigar. Esa experiencia me enseñó a pensar la innovación desde el impacto, a preguntarme siempre para qué sirve, a quién aporta valor y cómo puede llegar de forma efectiva a la empresa. Tuve la suerte de trabajar en uno de los centros de investigación agroalimentaria más importantes de Europa, en Holanda, donde las necesidades del mercado eran el punto de partida y, a partir de ahí, se construía toda la investigación.

La innovación cobra verdadero sentido cuando el conocimiento se conecta con la realidad, con las personas y con los recursos necesarios para que las cosas pasen

Tras varios años dentro de la industria agroalimentaria, viviste la innovación desde dentro de planta. ¿Qué aprendiste ahí que hoy sigues aplicando cuando asesoras a empresas innovadoras?

La innovación surge en entornos reales, donde se afrontan retos tecnológicos para dar respuesta a necesidades de mercado o resolver problemas del día a día. Por eso, cuando acompaño proyectos, siempre parto de la realidad operativa de la empresa y la transformo en un plan claro: qué se hace, por qué es innovador y cómo se sostiene desde un enfoque eficiente, tanto técnico como económico. Esa es la claridad que realmente buscan las empresas.

Durante casi una década trabajaste acompañando a empresas de sectores muy distintos en la financiación de la I+D. ¿Qué errores siguen cometiendo muchas empresas cuando abordan proyectos de innovación?

Más que errores, lo que veo es una desconexión. Muchas empresas innovan, pero no son conscientes del valor que están generando ni de cómo estructurarlo. A menudo la financiación se percibe como algo externo al proyecto, cuando en realidad debería formar parte de la estrategia desde el inicio. Cuando falta esa visión global, la innovación pierde fuerza y se desaprovechan oportunidades.

Muchas empresas innovan, pero no son conscientes del valor que están generando ni de cómo estructurarlo

Has trabajado con agroalimentación, industria manufacturera o textil. ¿Crees que el sector agro todavía infrautiliza las herramientas de financiación para innovar?

Sí, y en gran parte tiene que ver con cómo se ha entendido tradicionalmente la innovación en el sector. El agro innova desde la práctica, desde la necesidad, pero no siempre identifica ese esfuerzo como innovación financiable. Cuando se acompaña bien y se estructura desde una visión más colaborativa y orientada a mercado, el sector tiene una capacidad enorme para aprovechar herramientas de financiación y reforzar su competitividad.

En 2022 decides dar el paso y fundar Growinn. ¿Qué necesidad detectas en el mercado que te lleva a crear tu propio proyecto?

Después de más de 15 años acompañando a empresas en financiación de la innovación, sentí la necesidad de hacerlo de una forma más estratégica y cercana. Quería ayudar a que la innovación no fuera solo financiación, sino una palanca real de competitividad sostenible y de impacto a largo plazo.

Desde Growinn habláis de “transformar la complejidad en claridad”. ¿Por qué la financiación de la innovación sigue generando tanto rechazo o miedo en muchas empresas?

Porque la financiación de la innovación se percibe como un entorno muy técnico, normativo y cargado de incertidumbre, algo que genera un rechazo comprensible en muchas empresas. La burocracia asociada a estos procesos en España no siempre ayuda, es compleja y tediosa. Nuestro trabajo es justo lo contrario: ordenar, traducir y acompañar, transformando esa complejidad en un proceso claro, entendible y accionable, con foco en oportunidades reales como fondos públicos, redes de colaboración e incentivos fiscales.

Tu enfoque insiste en que la innovación debe traducirse en ahorro y rentabilidad real. ¿Cómo se convence a una empresa de que innovar no es solo gastar, sino invertir mejor?

Con números y con una idea muy concreta: innovar bien no es “gastar más”, es invertir mejor. Y ahí la financiación es palanca: optimizas el acceso a fondos con un plan eficiente y, además, maximizas el ahorro fiscal con deducciones y bonificaciones por I+D+i. Cuando la empresa ve que la innovación también se traduce en caja, cambia la conversación.

Innovar bien no es gastar más, es invertir mejor, y la financiación es una palanca clave para conseguirlo

Desde tu experiencia, ¿qué perfil de empresa está mejor preparado hoy para aprovechar ayudas públicas e incentivos fiscales: la gran empresa o la pyme innovadora?

La gran empresa suele tener estructura; la pyme, agilidad. En mi experiencia, gana la que tiene visión y método. Si una pyme se apoya bien, puede competir muy fuerte porque decide rápido, pivota y aprovecha redes y oportunidades. Y si además se trabaja con foco a resultados, el retorno se acelera.

Como ingeniera agrónoma, ¿qué valor diferencial crees que aporta nuestra formación a la hora de entender la innovación desde una perspectiva global y estratégica?

La ingeniería agronómica te enseña a mirar más allá de una sola disciplina. Nos forma para entender los sistemas en su conjunto, para conectar conocimiento técnico, personas, recursos y entorno. Esa mirada amplia y transversal es especialmente valiosa en el ámbito de la financiación de la innovación, donde no basta con conocer la normativa, sino que es clave comprender los proyectos, su contexto y su impacto para aportar verdadero valor.

La ingeniería agronómica nos forma para entender los sistemas en su conjunto y conectar conocimiento técnico, personas y recursos con una visión estratégica

Has trabajado en entornos internacionales y multidisciplinares. ¿Qué deberíamos aprender en España de otros modelos europeos de impulso a la innovación?

De otros modelos europeos deberíamos aprender a ser más flexibles y a simplificar los procesos. Hay menos burocracia, más apoyo institucional y un acompañamiento más cercano a la empresa. La innovación se impulsa desde un apoyo mucho más cercano al mercado y a las necesidades reales de las empresas, lo que facilita que las ideas evolucionen más rápido y lleguen antes a generar impacto.

Para cerrar, ¿qué consejo le darías a jóvenes ingenieras e ingenieros agrónomos que quieren orientar su carrera hacia la innovación, la empresa y el impacto real?

Que mantengan la curiosidad por explorar nuevas disciplinas y no tengan miedo a cambiar de rumbo cuando lo sientan necesario. Cada etapa profesional suma y aporta una mirada distinta. Esa curiosidad y apertura al cambio es lo que permite crecer, conectar conocimientos y construir trayectorias con sentido y con impacto real.