La agricultura española absorbe casi cinco veces más CO2 del que emite
La Comisión Intercolegial sobre la Agricultura del Carbono del Consejo General de Colegios Oficiales de Ingenieros Agrónomos ha validado esta semana el informe que actualiza y territorializa, con los datos más recientes —los de 2023—, el balance de absorciones y emisiones de CO2 del campo español. La conclusión es contundente: la agricultura española absorbió en 2023 casi cinco veces más CO2 del que emitió, un saldo neto de 81 millones de toneladas que desmonta, con datos oficiales y metodología homogénea, la imagen del sector como fuente contaminante. El ingeniero agrónomo Fernando Burgaz ha liderado la redacción del documento.
81 millones de toneladas de saldo positivo
Frente a unas emisiones totales estimadas en 21.516 kilotoneladas de CO2 equivalente, la agricultura española absorbió en 2023 un total de 102.533 kilotoneladas de CO2, lo que arroja un balance neto positivo de 81.017 kilotoneladas de carbono. La mayor parte de esa absorción, 100.370 kilotoneladas, procede de la biomasa viva de los cultivos —80.679 de herbáceos y 19.691 de leñosos—, mientras que otras 2.163 kilotoneladas se deben al incremento de carbono orgánico en el suelo, ligado a prácticas como el laboreo mínimo, las cubiertas vegetales o el no laboreo en cultivos leñosos.
En el lado de las emisiones, el mayor componente es el consumo de gasóleo B de la maquinaria agrícola, con 10.353 kilotoneladas, seguido de los fertilizantes minerales, con 4.032, y de los fitosanitarios, con 946; a ello se suman 6.185 kilotoneladas ligadas al carbono orgánico del suelo y a otras actividades contempladas en el Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero. «La agricultura no puede analizarse solo en términos de emisiones, sino que debe analizarse en términos de balance de CO2, es decir, de absorciones menos emisiones», sostiene Burgaz.
Un nuevo indicador y diferencias por comunidades
La fotografía por comunidades autónomas confirma que el tamaño y la estructura de los cultivos siguen marcando la diferencia: junto a Andalucía, con casi 22.000 kilotoneladas de CO₂ absorbidas, Castilla y León se consolida como la otra gran potencia del balance de carbono español, tanto en volumen absoluto como en el nuevo indicador de eficiencia por euro producido, donde encabeza el ranking con 6,74 kg/€.
En el extremo opuesto se sitúan las comunidades de la Cornisa Cantábrica —Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco—, con las cifras más bajas de absorción neta, condicionadas por una menor superficie agrícola y un peso relativo mayor de otros usos del suelo. En la Comunidad Valenciana, el balance neto de carbono asciende a 2.882 kilotoneladas de CO2.
Esa desigualdad territorial es, según el propio informe, el mejor argumento para diseñar políticas de mitigación climática ajustadas a cada comunidad en lugar de aplicar un único criterio nacional., mientras que Andalucía lidera en términos absolutos, con cerca de 22.000 kilotoneladas.
¿Cómo se mide el carbono que absorbe la biomasa agrícola?
El cálculo no es un misterio, aunque exige trabajo de campo. El punto de partida es la biomasa del cultivo: una muestra de la vegetación —raíces, tallos o troncos, ramas, hojas, flores o frutos, según la especie— que se seca en laboratorio hasta obtener su peso en materia seca. Conocido ese dato por hectárea, y sabiendo que aproximadamente la mitad del peso de la materia seca es carbono —una proporción asumida en los estudios del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC)—, solo queda traducir ese carbono a CO₂ aplicando la relación entre los pesos atómicos del carbono (12) y de la molécula de CO₂ (44): un factor de conversión de 3,667.
Esa metodología, aplicada cultivo a cultivo y multiplicada por la superficie y la producción real de cada especie en 2023, es la que sostiene las cifras nacionales y autonómicas del informe. «Es un tema relativamente sencillo, y hay muchos trabajos de fin de máster o tesis doctorales centrados en este tipo de cálculos», señala Burgaz, que remite a la bibliografía del propio documento para quien quiera profundizar en los estudios de referencia por especie. La comisión no ha inventado el procedimiento, aclara: lo ha aplicado de forma sistemática y homogénea a todo el sector agrario español, cultivo por cultivo y comunidad por comunidad.
Una comisión nacida en los pasillos de un congreso
Detrás de estas cifras hay casi cuatro años de trabajo de un grupo que nació, cuenta Burgaz, en los pasillos del Congreso Nacional de Ingenieros Agrónomos celebrado en Lleida. En los corrillos de una de aquellas jornadas, la conversación con varios colegiados derivó hacia un asunto que entonces empezaba a ganar peso en la agenda de Bruselas: el carbono. «Nos dimos cuenta de que entre todos sabíamos poco del tema, no teníamos claro de qué iba y, sobre todo, qué importancia podía tener para la agricultura», recuerda.
De esa inquietud, compartida por un puñado de colegiados en uno de esos contactos que solo un congreso profesional es capaz de generar, nació la propuesta que el Consejo General aprobó en noviembre de 2022: constituir la Comisión Intercolegial sobre la Agricultura del Carbono, con representación de prácticamente todos los colegios territoriales, para poner cifras a la contribución de la agricultura española al balance de carbono.
Desde entonces, la comisión se reúne el segundo jueves de cada mes —ya suma más de treinta sesiones— y ha ido incorporando a la conversación a técnicos de empresas certificadoras de crédito de carbono, a responsables de la oficina de cambio climático del MITECO y a representantes de las cooperativas españolas en el Copa-Cogeca, en Bruselas. De aquel primer impulso salió en 2025 el informe con datos de 2021; el que se ha validado este jueves, con datos de 2023 y territorializado por comunidades autónomas, es su actualización.
El próximo Congreso Nacional de Ingenieros Agrónomos se celebra en Valencia
El Congreso Nacional de Ingenieros Agrónomos se celebra cada cuatro años, y el que sigue al de Lleida tendrá lugar en octubre en Valencia, organizado esta vez por el COIAL. Cuesta no ver la coincidencia: fue en los pasillos de uno de esos congresos donde nació esta comisión. Ojalá el de Valencia deje, de aquí a cuatro años, algún fruto parecido: una iniciativa nacida casi por casualidad y capaz, como esta, de responder a preguntas cuya respuesta no está suficientemente clara y para beneficiar al conjunto de la sociedad.