San Isidro en Castellón: la cena donde las generaciones del COIAL se reconocen como parte de una misma historia
La imagen que mejor resume la cena de San Isidro del COIAL en Castellón ocurrió casi al principio, antes de que la noche cogiera velocidad y las conversaciones se extendieran por la mesa. Ana María Pla, delegada del colegio en Castellón, estaba hablando con el colegiado más veterano cuando llegó el más joven, recién colegiado, todavía con esa mezcla de prudencia y curiosidad de quien se incorpora por primera vez a una comunidad profesional que ya tiene sus códigos, sus historias y sus afectos.
No se conocían, pero el saludo salió natural. El más joven se acercó y la escena dejó una de esas imágenes sencillas que explican mejor que cualquier discurso lo que significa una celebración colegial: una profesión que se transmite, que se reconoce y cuyos encuentros se convierten en un espacio para unir trayectorias muy distintas.
“En mi alocución, di la bienvenida al nuevo colegiado y agradecí a los más antiguos que vinieran, porque hacen las conversaciones muchísimo más amenas y más graciosas. Nos cuentan sus experiencias y eso enriquece mucho la cena”, explica Ana María Pla.
Una mesa larga para una conversación compartida
La cena reunió este año a 30 personas en Castellón. No es una cifra menor. Cuando Pla empezó a organizar estos encuentros, en 2018, la asistencia se movía entre los 22 y los 24 colegiados. Con el paso de los años, la convocatoria ha ido creciendo: primero 26, después cerca de 30 y este año 32 inscritos, aunque finalmente acudieron 30.
La disposición de la sala ayudó mucho al tono de la noche. En lugar de mesas separadas, se optó por una mesa larga corrida, lo que facilitó una conversación más común, menos fragmentada. La sensación, según la delegada, fue especialmente buena. “Me gustó mucho. Estuvimos muy a gusto y a la gente se le hizo corto. Eso fue lo que me dijeron”.
Verse una vez al año sabe a poco
Uno de los temas que aparecieron durante la noche fue la sensación de que San Isidro llega, reúne y alegra, pero también evidencia que para muchos colegiados verse una sola vez al año empieza a quedarse corto.

“Como casi siempre vamos los mismos, y nos vemos solo de año en año, la gente se alegra de verte. Es como decir: estamos otro año, qué bien”, resume la delegada.
De ahí surgió una propuesta que no sonó como una ocurrencia aislada, sino como una necesidad compartida: organizar algún encuentro más a lo largo del año. No necesariamente otra cena con el mismo formato, pero sí una excusa para verse, conversar y mantener vivo ese vínculo sin tener que esperar doce meses. “Alguno me dijo que podríamos hacer algo en Navidad, quizá un vino o algo parecido. Algo para que no sea tan largo eso de vernos de año en año”, concluye Pla.