Partners31/07/2026

El frío alimentario se transforma: una oportunidad para la ingeniería agronómica

La nueva regulación europea sobre gases fluorados obliga a acelerar la renovación de las instalaciones frigoríficas y abre un periodo de fuertes inversiones en el sector agroalimentario. Pero la transición no consiste simplemente en sustituir un refrigerante por otro. El cambio implica la sustitución del sistema completo y exige conciliar reducción de emisiones, consumo energético, seguridad y necesidades de conservación. En este escenario, el conocimiento del producto y del proceso cobra tanta importancia como el dominio de la tecnología. Antonio Gutiérrez Alamán, colegiado del COIAL y presidente de Enfrío, empresa partner del colegio e integrada en el grupo internacional SYCLEF, analiza una transformación que plantea un desafío económico y técnico, pero también una vía de especialización y empleo para los ingenieros agrónomos.

Producir frío no basta

Una instalación frigorífica puede estudiarse desde la termodinámica, la mecánica, la electricidad y la electrónica. Sin embargo, cuando su finalidad es conservar o transformar alimentos, el punto de partida no debería ser la instalación, sino aquello que se pretende conservar o producir. Temperatura, humedad, velocidad del aire o estabilidad térmica influyen directamente en la seguridad y la calidad del producto.

«Producir frío es una parte más técnica, relacionada con la termodinámica, la mecánica, la electrónica y la electricidad. En cambio, para diseñar una instalación de refrigeración es muy importante tener en cuenta el producto final y el proceso. Esa dimensión está estrechamente relacionada con la agronomía», explica Gutiérrez.

Para diseñar una instalación de refrigeración es muy importante tener en cuenta el producto final y el proceso. Esa dimensión está estrechamente relacionada con la agronomía

La clave reside en combinar ambas miradas. No requiere la misma solución una industria hortofrutícola, una industria cárnica, un almacén de congelados,  una sala de elaboración o un centro de distribución alimentaria. Desde una visión de biosistemas, la instalación forma parte de un conjunto en el que interactúan el alimento, el proceso, la energía, los equipos y las condiciones ambientales.

Del supermercado al proceso industrial

Gutiérrez distingue entre refrigeración comercial e industrial. La primera se utiliza principalmente en supermercados y establecimientos donde se conservan productos diversos bajo condiciones relativamente estandarizadas. La segunda está mucho más vinculada a procesos concretos de elaboración, conservación y logística alimentaria.

«En el frío comercial se trabaja con condiciones más genéricas y productos más estandarizados. En la refrigeración industrial, en cambio, la instalación está mucho más ligada al proceso de cada producto», señala. «Hay que diferenciar muy bien si la solución se destina a un producto o proceso específico o si responde a una necesidad general».

Una instalación capaz de enfriar puede no ser la más adecuada para mantener la textura de una fruta, reducir su deshidratación, controlar su maduración o asegurar las condiciones higiénicas de un proceso. «Combinar el conocimiento técnico con el biosistémico que nos aporta nuestra ingeniería es lo que conduce al éxito en el diseño final», resume.

Un cambio de sistema, no solo de gas

El Reglamento europeo 2024/573 sobre gases fluorados de efecto invernadero endurece progresivamente las condiciones de uso y comercialización de refrigerantes con elevado potencial de calentamiento atmosférico. Según la información difundida por ASEDAS, la adaptación exigirá a los supermercados y autoservicios españoles una inversión superior a 2.500 millones de euros.

Durante años hubo modificaciones que conllevaban sustituir el refrigerante, pero la instalación podía mantenerse con determinadas adaptaciones. Ahora estamos ante una transformación mucho más profunda

El alcance técnico es mayor que el de anteriores cambios regulatorios. «Durante años hubo modificaciones que conllevaban sustituir el refrigerante, pero la instalación podía mantenerse con determinadas adaptaciones. Ahora estamos ante una transformación mucho más profunda: no cambia solamente el gas, cambia el sistema completo», advierte el  presidente de Enfrío.

En las transiciones anteriores era posible realizar un retrofit: introducir un refrigerante menos contaminante en una instalación existente después de modificar algunos componentes. La migración hacia refrigerantes naturales reduce considerablemente esta posibilidad porque sus propiedades y condiciones de funcionamiento son diferentes.

Todo menos la caja

La renovación afecta a la producción, la distribución y el intercambio de frío. Compresores, tuberías, válvulas, equipos eléctricos, controles e intercambiadores deben configurarse para trabajar con el nuevo refrigerante. Lo que normalmente puede conservarse es la envolvente: los paneles aislantes, las cámaras o la estructura física del recinto, siempre que continúen en buenas condiciones.

«Antes se evolucionaba entre distintos gases fluorados y, con algunas modificaciones, el nuevo refrigerante podía introducirse en una instalación existente. Ahora hablamos de sustancias completamente diferentes», afirma Gutiérrez. «Hay que actuar sobre la producción, la distribución y el intercambio. En términos sencillos, se mantiene la caja, pero cambia el sistema frigorífico».

Esta circunstancia explica la magnitud del esfuerzo inversor. Muchas instalaciones tendrán que renovarse antes de alcanzar el final de su vida útil o de estar completamente amortizadas.

No existe una alternativa universal

Las principales alternativas son el dióxido de carbono, el amoníaco y determinados hidrocarburos, como el propano. Su potencial de calentamiento atmosférico es nulo y existe una amplia disponibilidad, pero cada uno presenta características técnicas y requisitos de seguridad diferentes.

El ingeniero agrónomo tiene dos vertientes que encajan perfectamente en este sector: la técnica y la agronómica. Puede incorporarse a puestos de ingeniería, responsabilidad y gestión

«Son moléculas más sencillas, utilizadas también en otras industrias y con una equivalencia en emisiones de CO₂ muchísimo menor», indica. Sin embargo, no pueden aplicarse indistintamente, cada uno tiene sus ventajas e inconvenientes.

La solución debe escogerse de acuerdo con el tamaño de la instalación, el clima, el producto, el proceso, la carga frigorífica y las condiciones de seguridad. Es otro punto en el que resulta útil la perspectiva de los biosistemas: no se trata de seleccionar aisladamente un gas o un sistema, sino de comprender cómo cada decisión repercute en el conjunto de la actividad agroalimentaria.

Medio ambiente, energía y seguridad

La reducción del impacto climático directo de los refrigerantes plantea una aparente paradoja. Algunas de las nuevas instalaciones no son las más eficientes en todos los usos y condiciones. Si necesitan más consumo eléctrico, parte del beneficio obtenido al reducir las emisiones directas puede verse limitado por el consumo energético.

«Las instalaciones hacia las que tendemos utilizan refrigerantes naturales, menos contaminantes, pero en algunos casos pueden ser menos eficientes o introducir condiciones de seguridad más exigentes», reconoce Gutiérrez. «Como la energía es también una de las mayores preocupaciones de la industria, hay que acompañar el cambio con medidas extraordinarias de eficiencia energética».

La inflamabilidad o la toxicidad no convierten estas soluciones en inseguras. Son tecnologías conocidas y utilizadas desde hace décadas, pero deben proyectarse, ejecutarse y mantenerse correctamente. «Las condiciones que establece la normativa permiten trabajar con total seguridad. Se llevan haciendo instalaciones de este tipo desde hace más de 100 años», recuerda.

Profesionales para afrontar la transición

A la inversión económica se suma una dificultad que puede condicionar todo el proceso: la disponibilidad de personal cualificado. Las necesidades incluyen técnicos instaladores, responsables de ejecución, ingenieros y gestores capaces de ejecutar las instalaciones necesarias, interpretar la regulación normativa y relacionar la instalación con la actividad alimentaria.

Desde una visión de biosistemas, la instalación forma parte de un conjunto en el que interactúan el alimento, el proceso, la energía, los equipos y las condiciones ambientales

«El frío comercial es, con diferencia, el mayor de los mercados de la refrigeración. Solo en España mueve alrededor de 700 millones de euros y prevemos que pueda crecer anualmente entre un 10 % y un 13 %», expone Gutiérrez. «Es un crecimiento importante que se produce en un sector intensivo en mano de obra, técnico y muy especializado».

Según sus cálculos, el sector podría necesitar entre 500 y 700 profesionales adicionales cada año durante el próximo lustro. La necesidad sería acumulativa: las personas contratadas en un ejercicio continuarían siendo necesarias en los siguientes.

«No está suficientemente estructurada la formación específica en refrigeración, ni para el trabajo en las propias instalaciones ni para la oficina técnica», considera. Por ello, las empresas están impulsando formación interna y academias para preparar a mecánicos, ingenieros, jefes de obra y coordinadores. El propio Grupo SYCLEF  calcula que necesitará incorporar cerca de un centenar de profesionales al año en sus distintos perfiles, solo en la península ibérica

La ventaja del ingeniero agrónomo como ingeniero de biosistemas

Los ingenieros agrónomos parten con una combinación de competencias especialmente valiosa: comprenden los fundamentos técnicos de las instalaciones, pero también los alimentos, los procesos de transformación, la poscosecha, la seguridad alimentaria y los factores que determinan la calidad final.

«El ingeniero agrónomo tiene dos vertientes que encajan perfectamente en este sector de la refrigeración: la técnica y la biosistémica», destaca Gutiérrez. «Puede incorporarse a puestos de ingeniería, responsabilidad y gestión. En el frío industrial existe un componente biosistémico muy importante porque hablamos de instalaciones destinadas a procesos alimentarios específicos».

La formación en biosistemas del ingeniero agrónomo le permite interpretar la refrigeración como parte de un proceso vivo y complejo, en el que una decisión técnica puede modificar la calidad

El profesional puede intervenir en el diseño y dimensionamiento de sistemas, la dirección de proyectos, la gestión energética, la adaptación normativa, la conservación o la coordinación entre instaladores y responsables de producción. Su formación en los sistemas de origen biológico le permite interpretar la refrigeración como parte de un proceso vivo y complejo, en el que una decisión técnica puede modificar la calidad, la seguridad o la vida comercial del alimento.

Una especialización con futuro

La ingeniería agronómica ofrece una base especialmente adecuada para desarrollar una carrera en refrigeración alimentaria. A los conocimientos de termodinámica, mecánica y electricidad se suma la comprensión integral del alimento, de su comportamiento y de los procesos en los que interviene. La especialización y la experiencia dentro de las empresas permiten profundizar en el diseño y funcionamiento de los sistemas frigoríficos sin perder de vista aquello que deben conservar.

«Es una oportunidad para formarse en un sector que afronta al menos diez años de buenas expectativas de crecimiento y que, además, es muy estable», defiende Gutiérrez. Para los ingenieros agrónomos, este ámbito siempre ha sido un nicho, pero ahora se abren nuevas posibilidades en la ingeniería de proyectos, la dirección de obra, la gestión de instalaciones, la eficiencia energética y la adaptación tecnológica de la industria alimentaria.

La refrigeración alimentaria deja así de ser un ámbito auxiliar y se presenta como un espacio estratégico para la profesión. Europa obliga a cambiar los gases, pero esa decisión arrastra una transformación mucho mayor: habrá que rediseñar sistemas, mejorar la eficiencia, garantizar la seguridad y adaptar cada instalación a aquello que debe conservar. No bastará con saber producir frío. Habrá que comprender el alimento. Y es precisamente en esa conexión donde la ingeniería agronómica puede encontrar una de sus oportunidades profesionales más claras para los próximos años.