Medio ambiente14/02/2020

“El sector agroalimentario es clave en la lucha contra el cambio climático”

Emilio Servera es ingeniero agrónomo por la Universidad Politécnica de València, y Master en Gestión de Recursos Naturales (especialidad: Conservación Ecológica) por Cranfield University (Reino Unido).

Inició en 2005 su trayectoria profesional en el ámbito del Medio Ambiente y la Gestión de Recursos Naturales. En 2015 participó en el diseño de medidas para reducir la vulnerabilidad a los impactos generados por el cambio climático en el Humedal de la Laguna de Alvarado, en México. Ese primer contacto laboral con el campo de la adaptación al cambio climático marca un antes y un después en su carrera profesional, que se ha centrado desde entonces en el análisis de impactos y vulnerabilidades asociadas a los cambios en el clima, así como en el diseño y monitoreo de acciones para incrementar la resiliencia en diversos paisajes humanos y naturales.

En los dos últimos años ha participado desde la UPV en sendos proyectos europeos de investigación e innovación aplicada a la adaptación al cambio climático, iniciando además sus estudios de doctorado en la misma materia. Como dijo Naomi Klein, cree que el cambio climático lo cambia todo, y le preocupa especialmente el modo en que se están viendo ya afectados espacios tan emblemáticos para los valencianos como la Huerta y la Albufera.

Emilio Servera: “El sector agroalimentario es clave en la lucha contra el cambio climático”

“Si queremos evitar que todas las declaraciones de emergencia climática que se están emitiendo desde las instituciones queden reducidas a palabras vacías, es necesario dotar de fondos a las políticas de adaptación”

Nos llega últimamente mucha información relacionada con el cambio climático, tanta que puede resultar complicado filtrarla. ¿Cuáles son, en tu opinión, los últimos avances científicos que debemos tener en cuenta?

Hay varios mensajes clave de los últimos informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) que tenemos que grabarnos en la cabeza. En primer lugar, que hay que evitar ser derrotistas, porque cada fracción de grado de calentamiento adicional que evitemos cuenta. Cada acción y cada pequeño detalle aportan, porque no hay una única medida que por sí sola sea suficiente para solucionar el problema. Los impactos derivados del cambio climático crecerán conforme lo hagan las temperaturas, pero no necesariamente de manera lineal. Para evitar los peores impactos del cambio climático deberíamos limitar el calentamiento medio del planeta a 1,5ºC, que aún es posible, o a 2ºC, y el camino está claro: necesitamos alcanzar emisiones netas nulas tan pronto como sea posible, como máximo en 2050. Eso quiere decir que ese año, o antes si es posible, debemos estar absorbiendo de la atmósfera la misma cantidad de gases de efecto invernadero que emitamos.

¿Qué papel crees que debemos jugar desde la ingeniería agronómica en la lucha contra el cambio climático?

El sector agroalimentario es clave en la lucha contra el cambio climático por varios motivos. Por un lado, porque el potencial para la mitigación es enorme, ya que no tenemos únicamente el reto de reducir emisiones, como en otros sectores, sino también la opción de potenciar la absorción del CO2 por sumideros naturales como el suelo o la vegetación. Por otra parte, por la necesidad de adaptación, porque va a ser uno de los sectores que más sufra los impactos del cambio climático, y no solo por la subida de las temperaturas. Por ejemplo, en nuestro contexto mediterráneo serán clave los cambios en las precipitaciones, más si tenemos en cuenta que el incremento de temperaturas hará que crezcan las necesidades hídricas de los cultivos.

¿Y más allá del sector agroalimentario, qué capacidad de actuación tenemos?

Desde la agricultura y la ganadería se puede influir mucho sobre el medio natural. No lo digo únicamente en relación a la necesidad de corregir potenciales impactos sobre otros ecosistemas, como las zonas húmedas, sino también por el papel clave que se puede jugar en la generación de discontinuidades en el terreno forestal y en otras estrategias de prevención de incendios forestales. También quería destacar el papel que podemos tener en la adaptación de las ciudades, que son puntos clave en la lucha contra el cambio climático, por el gran volumen de gente que concentran y porque existen una serie de fenómenos, como por ejemplo la isla de calor urbana, que acrecientan algunos impactos negativos del cambio climático. Una de las estrategias clave de adaptación en entornos urbanos. Tenemos que poner todo nuestro conocimiento y experiencia como ingenieros agrónomos para hacer las ciudades más verdes, porque es una línea de actuación que, además de ayudarnos a combatir los peores impactos del cambio climático, tiene múltiples co-beneficios sobre la salud de las personas y la biodiversidad.

Durante 2019 estuviste trabajando en el proyecto europeo AELCLIC (Adaptation of European Landscapes to Climate Change).

El proyecto, cofinanciado por la iniciativa europea EIT Climate-KIC, estaba coordinado precisamente por un ingeniero agrónomo, Juanjo Galán, desde la Universidad de Aalto, en Finlandia. En el sudoeste europeo, la coordinación corría a cargo de Francisco Galiana, ingeniero de montes y profesor e investigador de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y del Medio Natural de la UPV. Es en esta parte del proyecto en la que participé.

¿En qué consistía AELCLIC?

Trabajamos para generar redes de trabajo a escala local y regional en una serie de paisajes piloto con las que empezar a definir los contenidos que deberían incluir sus potenciales planes de adaptación al cambio climático. El paisaje líder de nuestro paquete de trabajo, y donde trabajamos de manera coordinada con Las Naves, el centro de innovación del Ayuntamiento de València, era la zona de huerta entre València y Alboraya. Las opciones de adaptación de ese paisaje de huerta al cambio climático se analizaron de manera colaborativa durante dos talleres, donde contamos con la participación de diversos actores clave a nivel regional y local, como por ejemplo diversas administraciones, centros de investigación, y organizaciones y grupos de la sociedad civil como el propio COIAL.

¿Qué actividades se llevaban a cabo en esos talleres, y qué resultados se alcanzaron?

Partiendo de información específica obtenida para cada paisaje piloto mediante el análisis de escenarios regionalizados de cambio climático, se emitía un diagnóstico conjunto con los actores clave de los principales efectos del cambio climático sobre dicho paisaje. Desde ese punto de partida, se desarrollaban una serie de actividades para acabar definiendo de manera colaborativa los principales contenidos que debería abarcar un futuro plan de adaptación al cambio climático propio para cada paisaje, y que se podría desarrollar en un proyecto posterior.

Toda la información generada en el marco del proyecto está disponible en su web (https://aelclicpathfinder.com/).

¿Cree que las administraciones están dedicando suficientes recursos a los proyectos de adaptación al cambio climático?

Una de las principales barreras identificadas en toda Europa para el desarrollo de acciones de adaptación es la falta de financiación. Hay mucho interés en empezar a trabajar en adaptación al cambio climático, porque todos tenemos cada vez más claro que es urgente hacerlo, pero faltan recursos para ello. Si queremos evitar que todas las declaraciones de emergencia climática que se están emitiendo desde las instituciones queden reducidas a palabras vacías, es necesario dotar de fondos a las políticas de adaptación. Creo que es un error seguir aprobando planes o estrategias de adaptación que no lleven presupuestos específicos asociados para el desarrollo de las medidas y acciones que se propongan. Ya no es suficiente marcar la dirección a seguir, tenemos que empezar a movernos. Y para eso hacen falta recursos.