La sanidad vegetal cambia de escala: el COIAL premia el programa de control biológico preventivo del IVIA frente a la amenaza del HLB
El Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias recibirá el Premio COIAL 2026 a la Innovación el 22 de octubre por un sistema de protección biológica concebido para actuar antes de la llegada del vector
Ha arrasado la citricultura de Florida, ha causado pérdidas masivas en Brasil y, en nuestro país, podría desatar un problema económico, social y ambiental de dimensiones bíblicas. Es una enfermedad sin cura, y su insecto transmisor ya está en Europa. Frente a esa amenaza, el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) ha hecho algo que nadie había hecho antes: diseñar un programa de control biológico preventivo para impedir que el insecto vector llegue a España. Su grado de innovación, su aplicación efectiva y su impacto le han valido el Premio COIAL 2026 a la Innovación.
La enfermedad se llama huanglongbing (HLB) y viaja a bordo de un psílido de pocos milímetros, Diaphorina citri, detectado en la Unión Europea desde 2023. Los árboles que infecta mueren en pocos años. Y en la Comunitat Valenciana los cítricos son mucho más que un cultivo: sostienen empleo, paisaje, identidad y servicios ambientales en comarcas enteras. Aquí, adelantarse a la llegada del vector es una cuestión estratégica.
Del huerto al territorio
El control biológico con enemigos naturales no es nuevo en sanidad vegetal. Lo nuevo es cómo y dónde lo aplica el IVIA: de forma preventiva y a escala geográfica. Un vector como Diaphorina citri coloniza por igual huertos comerciales, jardines, calles y zonas recreativas, espacios donde los tratamientos químicos son inviables y donde la defensa parcela a parcela está condenada a llegar tarde. Más aún en los países de la cuenca mediterránea donde la citricultura pesa menos. Para proteger todos esos espacios y países, la Unidad de Entomología del IVIA ha concebido un programa internacional que confía en un aliado de apenas dos milímetros: Tamarixia radiata, una avispa parasitoide específica del psílido que, una vez liberada, se extiende por sí sola allí donde aparece la plaga. La unidad de intervención ya no es la parcela, sino el territorio. El objetivo: frenar la expansión del insecto y retrasar, o evitar, su llegada a nuestros cítricos.
Detrás de esa idea hay una integración de conocimiento poco habitual en una sola actuación. Todo arranca con la selección e importación del agente de control y su caracterización morfológica y molecular, cuidando de mantener su diversidad genética. Continúa con el diseño de las liberaciones y con una red de seguimiento que mide, huerto a huerto, cómo evolucionan la plaga y el parasitismo. Y se completa con una vigilancia fitosanitaria coordinada con las administraciones de diferentes países y con la formación de técnicos y agricultores. Ingeniería en estado puro. Por el camino, el sistema deparó además una sorpresa que nadie esperaba: en huertos donde no se había liberado nada aparecieron ninfas parasitadas por una especie desconocida para la ciencia, Tamarixia citricola. Descrita en 2026 en la revista BioControl, hoy trabaja codo con codo con la especie introducida.
Chipre, la prueba de fuego
Los resultados acreditados hablan por sí solos. En 2024, la infestación era total en campos de cítricos de Chipre; en 2026, sus brotaciones ya no presentan colonias activas, con tasas de parasitismo superiores al 90 % y sin nuevas liberaciones. El agente se ha establecido, se reproduce y se dispersa solo. Esa es la gran aspiración del control biológico preventivo: un mecanismo de regulación que perdura en el tiempo, que reduce año tras año la necesidad de intervenir y que reporta beneficios ambientales y económicos a todo el sector antes incluso de que llegue el vector. Quedan poblaciones residuales que obligan a mantener la guardia, pero el sistema funciona sin tratamientos generalizados.
Sanidad vegetal con lógica de salud pública
Las plagas no entienden de lindes ni de términos municipales. Por eso, la protección frente a amenazas compartidas debe organizarse de forma colectiva, con una lógica muy próxima a la de la salud pública. El programa premiado demuestra que la ingeniería agronómica, entendida como ingeniería de biosistemas, sabe diseñar y gestionar sistemas vivos al servicio de todo un territorio.
La historia del HLB en otros continentes es la historia de quienes reaccionaron tarde. La Comunitat Valenciana tiene hoy lo que ninguna de aquellas regiones tuvo a tiempo: conocimiento, tecnología y capacidad de innovación.