San Isidro en Alicante: la cena que sostiene lo que el online se lleva por delante

Cuarenta y dos colegiados y acompañantes. Eso es lo que reunió la cena de San Isidro de la delegación de Alicante del COIAL la semana pasada en el Meliá, con las luces de la bahía como telón de fondo y la conversación como único orden del día. José Manuel Carrillo, delegado del colegio en Alicante, lo tiene claro: en tiempos en que casi todo se hace a distancia, una cena como esta ya no es solo un acto social. Es, casi, el único momento del año en que los ingenieros agrónomos de la provincia se ven las caras.

«Como todo es online, el único contacto casi con la gente es la cena de San Isidro», reconoce Carrillo. Y no lo dice con nostalgia resignada, sino con la convicción de quien lleva años comprobando que las sinergias entre compañeros de profesión —las que luego se traducen en una llamada, en un consejo, en una puerta que se abre— nacen del contacto físico y no de una videollamada con el micro en mute y la atención repartida. «Con compañeros tuyos de profesión que muchas veces si no hubiera estos actos es que no te verías con ellos ni sabrías a cada uno a qué se dedica ni en qué mundo andan».

Una dinámica general que avanza hacia la despersonalización

El diagnóstico que hace Carrillo de la profesión en estos momentos tiene algo de retrato generacional. Él mismo se sorprende a veces de hasta dónde ha llegado la desconexión. «Antes llegaba a la conselleria y tenía un tema, oye, que vengo a ver a fulano, vale, pase, ahí está. Ahora vas y como no sabes quién lleva los expedientes porque no le ves la cara, no sabes dónde vas». La cita online que tarda dos semanas, el curso de nitratos con ciento ochenta y cinco asistentes que nunca llegan a cruzar palabra, el expediente que no sabes a quién pertenece. Un paisaje profesional que ha ganado en eficiencia pero ha perdido algo más difícil de recuperar.

La cena, en ese contexto, cumple una función que va más allá del protocolo colegial. Es el momento en que alguien te da su teléfono, te cuenta en qué anda, te escucha contar en qué andas tú. «Esa sinergia que siempre ha existido se está perdiendo», dice Carrillo, y añade algo que hace pensar: «Como no tengas a la persona y tengas su teléfono personal, muchas veces no sabes ni a dónde tienes que acudir».

Más jóvenes, otro ritmo

Una de las notas más llamativas de esta edición fue la presencia de caras nuevas. Carrillo lo notó en el ambiente y lo celebra sin reservas: había una mesa claramente joven, gente que había organizado su propia cuadrilla para venir y que llegó con las ganas intactas. «A los mayores ya están apalancados y es más difícil moverlos», bromea. El relevo generacional, esa expresión que tantas veces suena a desiderátum vacío, esta noche tenía cuerpo y ocupaba silla.

Las conversaciones de la noche también lo reflejaban. Carrillo habló con una joven que regresaba de trabajar en Inglaterra y buscaba asentarse en la zona, con compañeros que dan clase y cuentan cómo les va, con jubilados que repasan su día a día con la serenidad de quien ya ha entregado el testigo. «Las inquietudes de cada uno, por dónde van. Eso es interesante también, saber un poco de qué va la cosa».

¿Y si el año que viene es una comida?

La noche acabó con una reflexión en voz alta que puede marcar el formato de los próximos años. Carrillo lo plantea con la naturalidad de quien ha estado midiendo el pulso a sus colegiados: la gente está cambiando de hábitos, las noches largas ya no arrastran como antes, y en una ciudad donde esa noche además había huelga de taxis y la lluvia complicaba los desplazamientos, la barrera de la logística acaba pesando más que las ganas de venir.

«Me estoy planteando el año que viene cambiar la cena por comida. Creo que hay más margen». La propuesta tiene su lógica: una comida en el centro de Alicante, sin el condicionante del coche nocturno ni la dependencia del transporte, con tiempo para tomar después la copa tranquilamente y llegar a casa de día. En Valencia, explican, se resuelve con un par de autobuses. En Alicante hay que buscar otra solución. Y Carrillo, que lleva años haciendo que estas cosas funcionen, ya está pensando en cuál.

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