Ximo Aguilella: «Si el horizonte de cambio se mide en meses, no sirven normas pensadas para años»
La entrega de los Premios COIAL 2026, celebrada el 22 de octubre en el Hotel SH Valencia Palace, ha sido también la tribuna desde la que el decano del COIAL, Ximo Aguilella, trasladaba a los responsables políticos y al conjunto del sector lo que necesita la profesión para afrontar un cambio tecnológico sin precedentes: una Administración que acompañe en lugar de frenar, una investigación orientada a resolver problemas y profesionales con conocimiento y cultura del esfuerzo, sin perder de vista la esencia que nos hace diferentes.
“La velocidad del cambio es, en sí misma, el cambio”
Aguilella abría su discurso advirtiendo de la disrupción tecnológica en la que nos adentramos. “Los cambios que estamos viviendo, y los que se avecinan, son tan abrumadores que el futuro no son diez años, ni cinco. Son seis meses. El tiempo se acorta, y no hablo de relojes: hablo del ritmo al que cambian las cosas y de la distancia que se abre entre quien sabe aprovecharlo y quien no. Es más: la velocidad del cambio es, en sí misma, el cambio”. Las herramientas disponibles, señalaba, “pueden multiplicar lo que somos capaces de hacer. Pero tenerlas a mano no es lo mismo que saber aprovecharlas”.
Una Administración que acompañe, no que frene
Para el decano, ante este cambio tecnológico radical, “la anticipación necesita un entorno que la permita”, y ahí es donde los ejemplos de los premiados “se convierten en reivindicaciones”. La primera, la adaptación de la Administración a los nuevos tiempos para que vaya acompasada al ritmo de las empresas y de la tecnología. “Olallo dedica su vida a que otros pongan en marcha sus proyectos; los investigadores del IVIA necesitan dedicarse a resolver los problemas que dan sentido a su trabajo. Unos y otros necesitan una organización de lo público que acompañe sus tiempos, no que los frene”, afirmaba.
Todo pasa, según Aguilella, por una simplificación administrativa que no se limite a retocar lo que existe, sino que se atreva a suprimir lo que no sirve y a rehacerlo con los medios actuales: una simplificación “que en muchos casos implicará empezar con una hoja en blanco. Si el horizonte de cambio se mide en meses, no podemos seguir funcionando con normas pensadas para años”. En vísperas de elecciones, y ante los representantes de los principales grupos parlamentarios, reclamaba “un compromiso claro y transversal para una reforma radical de la Administración, en el sentido literal: que vaya a la raíz. No pedimos que no haya reglas; pedimos cambiarlas cuando las reglas sean el problema”.
Sin olvidar, añadía, mejorar lo que ya existe por necesario, un camino que el colegio recorre desde hace años junto a la conselleria con el desarrollo de herramientas que simplifican trámites y facilitan gestión e inversión: “Es trabajo hecho y en marcha, y quiero reconocerlo expresamente aquí”. Pero el decano recordaba que hay “deberes para todos”: la nueva realidad obliga a adaptar el tamaño de las explotaciones y de las empresas “para poder adaptar la estructura productiva a la tecnología. Si no lo hacemos, no vamos a ser competitivos”.
Investigar para resolver problemas
La segunda reivindicación se refería a la investigación. “Reclamamos un compromiso explícito respecto al IVIA y al resto de institutos de investigación”, decía Aguilella, para que cumplan su función: una investigación aplicada, orientada a dar respuesta a los problemas reales. “Si hay que cambiar la ley, se cambia”, subrayaba. El objetivo, a su juicio, ha de ser resolver problemas, no el proyecto o el paper, y esa revisión debe hacerse sin parches ni ideas preconcebidas y con la participación del sector privado, “porque, cuando necesitamos ser más grandes y más rápidos, es absurdo crear compartimentos estancos”.
De ahí se derivaba una petición concreta a los responsables políticos presentes en el acto: que el mérito de los ingenieros que se dedican a la investigación aplicada no se evalúe igual que el del resto, porque tiene objetivos diferentes. “La investigación en ingeniería tiene una finalidad aplicada y el marco actual del ‘publica o muere’ lleva a que, en ocasiones, resolver un problema real valga menos en la carrera de un investigador que un artículo que nadie va a leer. Objetivos distintos han de tener criterios distintos. Resolver problemas ha de contar. Para un ingeniero, debería ser lo que más”.
Conocimiento y cultura del esfuerzo
La tercera consecuencia, según el decano, es la necesidad de profesionales capaces de desenvolverse en un entorno volátil, veloz y cambiante. “Ahora el conocimiento de base importa más que nunca: cuanto más potentes son las herramientas, más importa saber lo que uno tiene entre manos. La herramienta no tiene criterio; el criterio lo pone la persona, y se construye con conocimiento y esfuerzo”. Sin excelencia y sin cultura del esfuerzo en quienes han de resolver los problemas técnicos y económicos de la sociedad, advertía, “vamos a perdernos”.
“Sin ser diferentes no se crea; solo se copia”
Aguilella cerraba sus reivindicaciones con una preocupación de fondo: “Anticiparse no sirve de nada si no tenemos igual de claro qué queremos conservar de lo que somos. Nuestra esencia”. Europa, recordaba, ha sido durante prácticamente toda la historia “el centro de la innovación”, y dentro de ella el Mediterráneo, origen también de una forma de vivir. “Las dos cosas, la capacidad de crear y la manera de vivir, no están separadas. Nacieron juntas y se han sostenido la una a la otra”.
Esa forma de vivir –afirmaba en referencia al sector vitivinícola, premiado en esta edición– “siempre ha estado regada con vino”, y el vino es “mucho más que un alimento: es nuestra cultura, nuestra forma de compartir y de entender el territorio”. Por eso, advertía, que su consumo se esté desplomando “no es buena señal. Si cambiamos nuestra forma de vivir, cambiaremos nuestra forma de ser. Y si cambiamos nuestra forma de ser, perderemos lo que nos hacía diferentes. Y sin ser diferentes no se crea; solo se copia”.
Los premiados
Premio Referente Profesional: Olallo Villoldo. Fundador y presidente de Grupotec, la mayor ingeniería de la Comunitat Valenciana, con más de 750 personas y proyectos en cuatro continentes, levantada sobre un principio que él mismo resume: la ingeniería “no iba de hacer integrales dobles, sino de personas”.
Premio Innovación: Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA). Por su programa de control biológico preventivo frente al HLB, la enfermedad más destructiva de los cítricos: un escudo de enemigos naturales probado antes de necesitarlo que marca, en palabras del decano, “la diferencia entre tener la respuesta preparada o buscarla cuando ya sea tarde”.
Premio Compromiso: sector vitivinícola de la Comunitat Valenciana y de las Illes Balears. A través de sus DO e IGP, por lo construido a lo largo de generaciones y por sostener una actividad pegada al territorio cuando los resultados no acompañan. “Donde hay viñedo, el pueblo resiste”, recordó Aguilella.
Premios a los mejores TFM. Jaume Miquel Nadal (UIB), por el proyecto de una quesería en Felanitx, y Adelino Font Lorca (UMH), por el análisis de costes por calibre en una explotación familiar de cerezas del Alto Vinalopó. El Premio al Talento Joven quedó desierto.