Agricultura, ingeniería, paisaje y cultura en una copa: los vinos valencianos y baleares, Premio COIAL al Compromiso
El colegio ha impulsado una candidatura colectiva para reconocer a las denominaciones de origen e indicaciones geográficas vitivinícolas de la Comunitat Valenciana y de las Illes Balears, que recibirán el galardón el 22 de octubre
El Premio COIAL al Compromiso distingue a quien, con su trayectoria, ha demostrado un compromiso relevante con los sistemas productivos y territoriales, el uso responsable de los recursos, la innovación, la viabilidad de su actividad y el desarrollo económico y social del territorio. Este año, el colegio ha querido premiar una candidatura colectiva, la del sector vitivinícola de la Comunitat Valenciana y de las Illes Balears, porque pocas trayectorias de nuestro ámbito reúnen esos méritos de forma tan completa y durante tanto tiempo. A lo largo de generaciones, el vino ha construido una relación singular entre agricultura, empresa, ingeniería, industria, paisaje y cultura. Y de por qué esa construcción merece hoy, precisamente hoy, el reconocimiento de los ingenieros agrónomos.
Reconoce de forma conjunta a las DOP Alicante, Utiel-Requena y Valencia, la IGP Castelló, las DOP Binissalem y Pla i Llevant y las seis IGP de las islas. Detrás hay miles de viticultores y bodegas, y entre ellos muchos compañeros ingenieros agrónomos que dirigen sus propias bodegas y firman vinos excelentes.
Un sistema que convierte el origen en valor
En la Comunitat Valenciana, el viñedo del interior fue durante más de un siglo una agricultura de volumen: vino a granel elaborado en cooperativas nacidas para defender el precio de la uva. Hace tres décadas apostó por la calidad diferenciada. Hoy el 70 % del vino valenciano tiene denominación de origen, frente al 36 % del conjunto de España.
En Baleares, el punto de partida fue el colapso. De las cerca de treinta mil hectáreas anteriores a la filoxera quedaban poco más de tres mil en 1982. La DO Binissalem, en 1990, abrió una reconstrucción deliberada que hoy suma más de un centenar de bodegas. En ambos territorios, la decisión fue la misma: unir el vino a su lugar y hacer de ese vínculo su razón de ser.
Innovar para conservar
Esa misma lógica ha salvado un patrimonio varietal único. En Utiel-Requena, más de 2.000 hectáreas de Bobal tienen más de 75 años y sus propietarios las mantienen por convicción, y en ellas se buscan los clones mejor preparados para el clima que viene. En las islas, Manto Negro, Callet, Prensal o Giró Ros han vuelto a la vida: en 2025, el 68 % de la uva de la DO Binissalem fue de variedades locales.
Y el sector ha sabido moverse para seguir siendo viable. Salió al exterior cuando el mercado interior se estrechaba: en 2025, con las exportaciones españolas en retroceso, las valencianas crecieron un 8,5 %. Las bodegas baleares invirtieron ese año siete millones de euros en modernizarse, con márgenes ajustados. Cambiarlo todo para conservar el vínculo con la tierra: esa es la mejor definición de compromiso.
Donde hay viñas, hay pueblo
Su mayor aportación no se vende en botella. El viñedo es el paisaje de comarcas enteras. Un estudio de la Interprofesional del Vino de España lo ha medido: los municipios de menos de 2.000 habitantes con viñedo conservan un 52,8 % más de población que los que no lo tienen. En la Comunitat Valenciana, el sector sostiene 32.160 empleos. El viñedo es, en buena medida, lo que mantiene el interior habitado.
La viña como sistema vivo y la bodega como entorno técnico que transforma una materia biológica: ingeniería de biosistemas encarnada en un sector entero.
El COIAL reconoce al vino por todo lo que ha construido y por su empeño en preservarlo. Al final de cada vendimia, ese esfuerzo se convierte en lo que el Mediterráneo ha hecho siempre con el vino: una mesa compartida y una razón para celebrar. Que esa razón siga existiendo en nuestros pueblos es, también, mérito suyo.
Este reconocimiento llega en uno de los momentos más difíciles que ha vivido el sector: el consumo de vino es el más bajo en más de sesenta años, la uva se paga en muchas comarcas por debajo de lo que cuesta producirla y la Comunitat Valenciana ha perdido más de cinco mil hectáreas de viñedo en diez años. Por eso el premio es también una declaración de apoyo explícito. Los ingenieros agrónomos estamos al lado de quienes cultivan, elaboran y sostienen este sector, y seguiremos acompañándolos, desde la viña hasta la bodega y el mercado, en una travesía que solo se supera entre todos.
El premio se entregará el 22 de octubre, en la gala de los Premios COIAL, junto a los premiados en Referente Profesional e Innovación y los tres trabajos fin de máster distinguidos.