La brigada verde del congreso

Estudiantes del grado se apuntaron como voluntarios al VI Congreso Nacional de Ingenieros Agrónomos. Entre sesión y sesión han tomado nota de todo y traen su propia lectura sobre el futuro de la profesión

Imposible no verlos. Durante el VI Congreso Nacional de Ingenieros Agrónomos, un grupo de estudiantes de grado uniformados de verde ha estado en cada rincón del congreso. Son, en su mayoría, alumnos de tercero y cuarto que respondieron a la llamada del COIAL para colaborar como voluntarios, una iniciativa que tuvo una acogida excelente entre los universitarios. Vinieron a echar una mano y se llevan bastante más: una ventana abierta al oficio que todavía están aprendiendo y un buen puñado de conversaciones con quienes ya lo ejercen. Les hicimos dos preguntas, qué les está pareciendo el congreso y cómo ven el futuro de la profesión, y respondieron sin rodeos.

Muchas empresas a lo mejor deberían acercarse más a la universidad a contar todo lo que se está contando aquí

Lo que no se explica en clase

Para Rebeca Ortiz, el congreso está siendo “una experiencia súper enriquecedora y una gran oportunidad también para aprender cosas que a lo mejor no se llegan a hablar o profundizar en las aulas”. Lo que se escucha en las salas, dice, les ofrece una visión del mundo actual y global, y de la situación real de la ingeniería agronómica. Teresa Sancho, estudiante de tercero, va un paso más allá y señala algo que casi nunca se dice en voz alta: no todos llegan a la carrera con la agenda llena de contactos. “Si no venimos aquí, muchos no nos enteraríamos, porque a lo mejor no tenemos tanta gente conocida en el sector”, reconoce. De ahí su propuesta, que dejamos anotada para quien corresponda: “Muchas empresas a lo mejor deberían acercarse más a la universidad a contar todo lo que se está contando aquí. Creo que eso sería muy útil”.

Preguntar a quien ya juega la partida

Si hay una palabra que se repite en todas las respuestas, es contacto. Ainhoa Paya Moles celebra que estén “pudiendo contactar con empresas de alto renombre” y, de paso, “aprendiendo el valor de la profesión”. Lo que más aprecia es tener a mano a profesionales con altos cargos a los que preguntar cómo enfocar su futuro, qué máster elegir o qué formación les conviene más. A Giulia Regazzoni el congreso le está pareciendo “una experiencia muy guay”, y no solo por las charlas: también por la oportunidad de “conocer a gente del oficio y preguntarles cosas de cara a nuestro futuro”.

Si no venimos aquí, muchos no nos enteraríamos, porque a lo mejor no tenemos tanta gente conocida en el sector

Ricardo Artal, que todavía cursa segundo y es el benjamín de la cuadrilla, lo define como “un evento muy enriquecedor, sobre todo porque da la posibilidad a estudiantes como nosotros de conocer a profesionales muy diversos dentro de todo el sector”. Pablo Jesús López Alcalá, que habla directamente de “una experiencia maravillosa”, le atribuye a ese contacto un valor casi vocacional. Hablar con gente del sector, sostiene, “te ayuda más a decidir si te gusta la carrera o no que el propio hecho de estudiar la carrera”. Un test de vocación en toda regla, y sin examen final.

El campo cambia de marcha

Cuando la conversación salta al futuro, el grupo coincide en el diagnóstico, aunque no todos lo leen con el mismo ánimo. “Creo que estamos en un momento muy de transición, como han dicho en varias charlas, en que estamos pasando de una agricultura más tradicional a una mucho más tecnológica, con la implementación de la inteligencia artificial y de nuevas tecnologías”, resume Giulia Regazzoni, que deja la puerta abierta con una franqueza muy de su edad: “Habrá que ver qué pasa”. Pablo Jesús López Alcalá suscribe la idea de la transición y le pone rostro: en su opinión, el perfil técnico estará presente en todo el proceso, acompañando y apoyando al propio agricultor.

Es una carrera y una profesión con muchísimas puertas abiertas, que te permite trabajar en más de un campo

Ainhoa Paya Moles es quien más dudas plantea, y no por pesimismo, sino por pura lógica. “Estamos en un momento un tanto ambiguo, porque ya no se sabe si va a hacer falta algo más de técnico”, apunta. A su juicio, la automatización y la inteligencia artificial podrían reducir la necesidad de técnicos y aumentar la de profesionales capaces de dirigir equipos, en un sector que, observa, se aleja del minifundio y del pequeño agricultor para organizarse en cooperativas y grandes explotaciones. Una reflexión que no habría desentonado en ninguna de las mesas del congreso.

Más puertas que pasillos

Si algo tranquiliza a los de verde es la amplitud de la carrera. Rebeca Ortiz lo tiene clarísimo: “Es una carrera y una profesión con muchísimas puertas abiertas, que te permite trabajar en más de un campo, y la verdad que eso es lo que más me gusta”. Nadie se queda encerrado en un único ámbito, explica, y lo mismo se puede acabar en maquinaria agraria que en genética vegetal. Ricardo Artal lo vive igual: “Al ser nuestros estudios tan diversos, que están en tantos ámbitos, da la posibilidad de poder dedicarse a una infinidad de posibilidades en cuanto a profesiones y salidas profesionales, con lo cual eso no me preocupa”. Su conclusión cabe en una línea: “Lo afronto con mucha ilusión”.

Estamos pasando de una agricultura más tradicional a una mucho más tecnológica, con la implementación de la inteligencia artificial y de nuevas tecnologías

Teresa Sancho completa el cuadro con una mirada realista. Cada sector tiene sus retos, recuerda: la sanidad vegetal, los suyos, y los proyectos de ingeniería, sus problemas con la administración, como se escuchó en otra de las charlas. Nada que no tenga arreglo. “Creo que, aunque haya problemas, se pueden solucionar y podemos todos acabar en sitios muy buenos trabajando”.

El COIAL abrió las puertas del congreso a quienes serán los ingenieros agrónomos de mañana, y ellos las han cruzado con ganas, con curiosidad y con preguntas. En sus respuestas aparece, sin que nadie se lo haya dictado, la idea que define a la profesión: una ingeniería de biosistemas capaz de ir de la genética vegetal a la maquinaria y del campo a la dirección de equipos. Para el colegio es un motivo de orgullo comprobar que el relevo no solo existe, sino que llega bien despierto. Dentro de poco cambiarán el uniforme verde por su primer contrato. Ojalá vuelvan a congresos como este, ya al otro lado del atril.